La búsqueda de la paz en Colombia se ha convertido en noticia de todos los días para los medios de comunicación nacionales e internacionales. Una selección de prensa permite ver los momentos más importantes de las conversaciones de paz y las iniciativas ciudadanas para lograr la meta.

Prensa Regional y Nacional

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Debemos moderar el lenguaje

04/05/2016

“Invitamos pues a toda la sociedad colombiana a participar en la controversia pública con honestidad, respeto a las instituciones democráticas y tolerancia con la contraparte…”, me uno a este llamado que intelectuales, empresarios y directores de ONG nos hacen a todos los colombianos.

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La paz es una gran oportunidad

04/05/2016

Como dice Olga Amparo Sánchez, la paz es necesaria para “afianzar la democracia, para garantizar la participación y representación activa de las mujeres y el goce efectivo de nuestros derechos”. ¡Y no solo los de las mujeres sino los de todos los colombianos!

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No es posible una paz exprés

01/05/2016

La paz es una construcción en la que debemos participar todos los colombianos. La firma del acuerdo final para terminar el conflicto es el primer paso. En eso coincido con la Nobel de Paz, Jody Williams.

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Nuevo respaldo de Estados Unidos

28/04/2016

El Senado de Estados Unidos aprobó por unanimidad una resolución “que le pide al gobierno de Obama una estrategia de varios años que asegure la ejecución de los acuerdos de La Habana”. Agradezco una vez más su confianza y respaldo.

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La paz es un asunto de todos

23/04/2016

En esta entrevista, Ricardo Santamaría nos invita a pensar la paz como una construcción de todos los ciudadanos que va más allá de los acuerdos que podamos lograr con las Farc y el Eln. Muchas veces he dicho que la paz no es mía ni del Gobierno sino de todos los colombianos.

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El reto de los jóvenes

22/04/2016

Coincido Winniefred Marrugo, una joven de 20 años que está convencida de que las nuevas generaciones tienen el gran reto de contribuir en la construcción de paz y trabajar para que esta sea estable y duradera.

Prensa Internacional

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Estamos cerca a un acuerdo de paz histórico que transformará el futuro

29/10/2015

‘The Economist’ publicó un completo especial sobre Colombia.

El final del comienzo

21/10/2015

El analista Salomón Kassin nos invita a cerrar el capítulo del terrorismo y a resolver los desafíos que se vienen con la paz.

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El Gobierno y las FARC buscarán a civiles y también a guerrilleros desaparecidos

19/10/2015

La medida pretende crear confianza de la ciudadanía en el proceso, y quien informe no afrontará consecuencias jurídicas por sus actos.

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¿Qué deberían saber los inversionistas sobre el proceso de paz en Colombia?

12/10/2015

El acuerdo es significativo para las compañías que quieren hacer negocios en una de las economías más grades de Sur América.

12 DE OCTUBRE DE 2015 @ 09:36 AM Riesgo político: ¿qué deben saber los inversionistas sobre el proceso de paz de Colombia? Por Nathaniel Parish Flannery Las opiniones expresadas por los columnistas de Forbes son de ellos.  Tras décadas de un sangriento conflicto, el gobierno de Colombia finalmente puede estar cerca de lograr un acuerdo de paz con el ejército guerrillero de izquierda de las FARC. El proceso de paz es significativo tanto para los residentes de Colombia como para las compañías que están buscando hacer negocios en una de las economías más grandes de Suramérica. Después de todo, compañías tales como Blockbuster y la gigante petrolera semi-estatal Ecopetrol han enfrentado ataques en los últimos años. El más reciente, un ataque con bombas en junio de 2015 obligó a Ecopetrol a cerrar su oleoducto transandino. A pesar de que un juez eventualmente desechó el caso en 2014, Chiquita bananas ha visto cómo se ha perjudicado su reputación por cuenta de alegatos según los cuales empleados de la compañía pagaron “dinero de protección” a grupos paramilitares armados en Colombia. Sin embargo, a lo largo de la última década, Colombia ha visto una mejoría en su desempeño macroeconómico y en su reputación. El proceso de paz es otro desarrollo positivo. Me puse en contacto con Samuel Logan, un experto en seguridad centrado en América Latina que trabaja en Southern Pulse, una firma consultora, para preguntarle qué opina sobre las negociaciones en curso de Colombia con las FARC, y qué podrían significar las negociaciones de paz para los inversionistas. Juan Manuel Santos Calderon, presidente de Colombia, se dirige a la Asamblea General de la ONU el 29 de septiembre de 2015 en Nueva York. Foto: TIMOTHY A. CLARY/AFP/Getty Images Parish Flannery: ¿Cuál es el estado actual del proceso de paz de Colombia? Logan: El presidente colombiano Juan Manuel Santos y el líder de las FARC Timochenko se dieron la mano en Cuba el mes pasado y anunciaron que se concluiría un acuerdo de paz dentro de los próximos seis meses, para el 23 de marzo de 2016.  También acordaron que las FARC se desarmarían dentro de los dos meses siguientes a ese hecho. Tras años de aplazamientos, este estricto cronograma significa que el escenario más probable es que se concluya este acuerdo de paz pronto. El Presidente Santos ha prometido presentar el acuerdo de paz a los votantes colombianos, y un referendo es probablemente el obstáculo más difícil que queda. Un escenario menos probable es que las conversaciones de paz se rompan en sus etapas finales debido a un retiro de las FARC debido a la oposición política / pública de los colombianos, lo que sería trágico en vista del tiempo y el esfuerzo que se les ha dedicado. Si llegasen a romperse, la violencia se incrementaría con casi total certeza a medida que las FARC intenten regresar a la ofensiva. Una señal de que estas conversaciones tienen más probabilidades de tener éxito que de fracasar es que el liderazgo de las FARC parece estar presionando a sus unidades en Colombia a comprometerse con ceses al fuego y a reducir la violencia en general. Esto ha tenido un impacto notorio. Entre mediados de agosto y fines de septiembre de este año, Colombia ha registrado sus niveles más bajos de violencia desde 1975. Parish Flannery: ¿Por qué es significativo esto? Logan: Colombia ha sufrido décadas de violencia de las FARC, de grupos paramilitares y de grupos criminales del narcotráfico. Las FARC son también uno de los últimos bastiones de una ideología de la Guerra Fría de siglo XX que alentaba la revolución violenta en lugar del progreso democrático. El simbolismo de su desmovilización y su ingreso potencial a la política debe verse como algo positivo en todo el hemisferio. Los avances de Colombia en materia de seguridad durante el siglo XXI ya han abierto buena parte del país a oportunidades de inversión que no estaban disponibles en la década de 1990. Hemos visto la expansión de compañías del sector energético como Pacific Rubiales, compañías mineras como Goldcorp y bancos regionales como BBVA. La conclusión de las conversaciones de paz y la desmovilización de las FARC solidificarán los avances en materia de seguridad que ha hecho Colombia. Reducirá la amenaza de violencia alrededor del país, incluyendo ataques terroristas en las principales ciudades, una preocupación para cualquier multinacional que opere allí, o los ataques contra la infraestructura en áreas remotas, que han impactado en gran medida a las empresas petroleras y mineras. Colombia sigue siendo un país peligroso debido a la presencia continuada de grupos criminales, pero si se logra que las FARC salgan de la pelea se reducirán drásticamente ciertos tipos de ataques, al igual que el riesgo político global en el país. Parish Flannery: ¿Cuáles son las implicaciones para las compañías que operan en Colombia? Logan: Como una de las economías más grandes de Suramérica, Colombia es rica en recursos naturales por explotar y en capital humano, y es una oportunidad enorme para empresas multinacionales. En cierta medida, los enormes costos asociados con la seguridad podrían disminuirse significativamente con importantes reducciones en el impacto operativo por parte de uno de los más grandes grupos armados ilegales del país. Dicho esto, uno de los mayores riesgos de seguridad relacionados con el cumplimiento de medidas bilaterales de desescalación del conflicto por parte de las FARC son sus miembros que operan como columnas móviles y milicias. En este orden de ideas, los grupos dispersos probablemente aumentarán tras un acuerdo, y durante los últimos 3 o 4 años las FARC ya han establecido alianzas con grupos neo-paramilitares, particularmente los Urabeños, concentrados en el narcotráfico y en minería y energía, particularmente en las industrias del oro, ferroníquel, carbón, petróleo y esmeraldas. Es notable que el desafío más grande que Colombia enfrenta hoy no es su conflicto interno con las FARC, que está amainando, sino la situación macroeconómica global, incluida una economía china debilitada, la revaluación del dólar estadounidense, los bajos precios de los productos básicos y un desastre político-económico en la vecina Venezuela que amenaza a Colombia, uno de sus socios comerciales claves. Estos asuntos macro han puesto presión hacia la baja del valor de la moneda de Colombia, hoy una de las más débiles del mundo en años recientes. Crecimiento proyectado del PIB para 2015 En todo caso, los niveles de crecimiento de Colombia siguen estando entre los más altos de la región, con metas de crecimiento del PIB para el cierre de 2015 todavía rondando el 3 por ciento, en comparación con menos del 1 por ciento para América Latina como un todo. En la reunión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York el mes pasado, el Presidente Santos dijo que según estimativos conservadores, se calcula que un acuerdo de paz podría impulsar el crecimiento adicionalmente en al menos 1.5 por ciento.   Sígame: Twitter: @LatAmLENS e Instagram: @nathanielparish

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Un gran avance con las Farc en Colombia

09/10/2015

Santos podría poner fin a una generación de violencia y desintegración rural y acelerar su modernización.

Un gran avance con las FARC en Colombia Por: Junta Editorial 9 de octubre DURANTE TRES años, el presidente colombiano Juan Manuel Santos ha buscado con tenacidad un acuerdo de paz con el grupo insurgente más antiguo y más letal de América Latina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o las FARC. A lo largo de gran parte de este año, las negociaciones estuvieron tambaleándose al borde del fracaso. Pero el mes pasado, Santos anunció un gran avance: un acuerdo sobre cómo serán juzgados los crímenes de guerra de un conflicto de varias décadas, y un plazo de seis meses para concluir un acuerdo definitivo. Al igual que todos esos pactos de paz entre gobiernos y ex insurgentes, el acuerdo tentativo con las FARC involucra una dolorosa concesión en materia de justicia, a cambio de los prospectos de paz. Pero si Santos logra sellar el acuerdo y vendérselo a los votantes de Colombia, podría ponerle fin a una generación de violencia y desintegración rural en su país, y acelerar su modernización. Las FARC, calificadas como organización terrorista por el Departamento de Estado de los EE.UU., han evolucionado a lo largo de medio siglo, pasando de ser una insurgencia comunista patrocinada por Cuba a una serie de pandillas medianamente organizadas involucradas en el narcotráfico, el secuestro y otros crímenes. Su responsabilidad por masacres y reclutamiento forzado de menores está bien documentada. Por eso el acuerdo logrado por Santos es tan tirante. Los miembros de las tropas de base del grupo, que actualmente son alrededor de 6,000, serían amnistiados, mientras que los comandantes superiores que confiesen sus crímenes a tribunales especiales evitarían ir a la cárcel. A cambio, serían confinados en “áreas de libertad restringida” durante cinco a ocho años. Los altos mandos militares implicados en crímenes recibirían el mismo tratamiento. En consecuencia, no sorprende que esta lenidad ha sido denunciada por grupos de derechos humanos y enfrenta la oposición de muchos colombianos. Entre ellos, a la cabeza está el expresidente Álvaro Uribe, quien inició la ofensiva militar apoyada por los Estados Unidos que resquebrajó a las FARC y las obligó a negociar, y quien logró su propio y controvertido acuerdo para desarmar a los grupos paramilitares de derecha de Colombia hace una década. Uribe se queja porque dice que a los líderes de las FARC, que deberían ser encarcelados por asesinato, se les permitirá en cambio ocupar cargos políticos dentro del sistema democrático de Colombia. Esa, sin embargo, es la esencia del acuerdo de paz: ampliar el sistema constitucional a personas, y a amplias áreas rurales, que han estado por fuera de la ley durante una generación. El resultado podría ser la rápida aceleración del desarrollo y de la prosperidad en un país que ya le está sacando ventaja a la mayoría de sus vecinos latinoamericanos. Como corresponde, los colombianos serán quienes decidan en última instancia si el balance entre los pros y los contras vale la pena; Santos ha prometido un referendo sobre el acuerdo final. Primero debe concluir las negociaciones, que todavía contemplan docenas de temas no resueltos. Las FARC han manifestado incomodidad con el plazo de marzo para sellar el acuerdo, pero Santos debe mantenerse firme en el mismo. La administración Obama ha jugado un papel significativo en el proceso de paz al destinar, a solicitud de Santos. un enviado especial, Bernard Aronson, a las conversaciones en La Habana. Las FARC tienen la esperanza de recibir favores de los Estados Unidos, incluyendo su remoción de la lista de terroristas. Si el grupo llega a un acuerdo definitivo y se desarma, ese paso merecería ser considerado. Pero no debe darse antes de que las FARC hayan demostrado que pueden transformarse en un partido pacífico en un sistema democrático.
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Enviado de EE.UU., Bernard Aronson, impulsa la paz en Colombia

09/10/2015

El diplomático dice que las conversaciones mayormente secretas entre el gobierno y los rebeldes de las FARC sufrieron una ‘experiencia de muerte cercana’ antes del avance del mes pasado.

El enviado de los EE.UU. Bernard Aronson impulsa la paz en Colombia Por Juan Forero El diplomático dice que las conversaciones mayormente secretas entre el gobierno y los rebeldes de las FARC sufrieron una ‘experiencia de muerte cercana’ antes del avance del mes pasado. Oct. 9, 2015. BOGOTÁ, Colombia — Cuando el diplomático estadounidense Bernard Aronson llegó en febrero a su primera reunión con los curtidos comandantes del ejército Marxista rebelde de Colombia, decidió comenzar con un chiste. Unos días antes, los jefes rebeldes habían invitado a la recién coronada Miss Universo, la colombiana Paulina Vega, a reunirse con ellos en Cuba. “Yo dije, ‘yo sé que ustedes estaban esperando a Miss Universo, pero en su lugar tendrán que conformarse conmigo’”, el Sr. Aronson recordó haberle dicho a una delegación de seis hombres de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC. Los comandantes se atacaron de la risa, contó, relajando el ambiente brevemente en unas difíciles conversaciones de paz que, con el tiempo, llevarían al reciente avance entre las FARC y la administración del presidente colombiano Juan Manuel Santos, el aliado más cercano de Washington en América Latina. En ese momento, sin embargo, aún quedaba un largo trecho por recorrer. Las conversaciones, que empezaron en noviembre de 2012, tenían que superar la amargura de medio siglo de enemistad y un formato que presagiaba un proceso paquidérmico. No se había fijado plazo alguno y no había ningún mediador presente para agilizar el proceso. En abril, las conversaciones estuvieron más cerca que nunca de romperse luego de que un grupo de combatientes de la guerrilla atacó por sorpresa a un pelotón de soldados mientras dormían en el suroccidente de Colombia, matando a 11 y haciendo que muchos colombianos se opusieran al proceso de paz. “Esa, creo yo, fue una experiencia cercana a la muerte para ambas partes”, dijo Aronson, quien habló en repetidas ocasiones con The Wall Street Journal desde junio hasta esta semana, brindando la oportunidad de conocer algo sobre las conversaciones mayormente secretas. Las dos partes acordaron tratar de evitar las confrontaciones, para minimizar las posibilidades de otra crisis. Pero seguían existiendo dos grandes obstáculos: el rechazo de las FARC a los planes de encarcelar a los líderes rebeldes por sus crímenes, y la preocupación de los rebeldes sobre la incapacidad del estado para garantizar su seguridad tras el desarme. “En su opinión, ellos han librado una rebelión justa contra una sociedad injusta, y las violaciones de los derechos humanos en las que incurrieron fueron errores cometidos al fragor de la guerra”, dijo Aronson. Aronson dijo que trató de transmitirles a los comandantes de las FARC que el mundo había cambiado y que no podía haber una amnistía. Pero que él también respaldaba la creación de un comité de abogados –tres cercanos a las FARC y tres representando al gobierno- para sentar las bases de un marco legal para una justicia del posconflicto consistente con las normas internacionales, pero aceptable para ambas partes. “Ellos finalmente aceptaron que estaban obligados por el derecho internacional humanitario”, dijo Aronson sobre los rebeldes. Los líderes de las FARC también se habían mostrado evasivos durante muchos meses frente el tema del desarme, diciendo poco para aclarar qué harían con sus armas en un escenario de posconflicto. El Sr. Aronson les dijo que no había la menor posibilidad de que Santos aceptara que las FARC conservasen sus armas en reserva después de firmar un acuerdo. Los rebeldes parecían tener la esperanza de poder hacerlo. “Yo les dije, ‘si esa es su posición, entonces dejémoslo así y vámonos a casa”, recordó. Aronson contó que las FARC le dijeron que lo que más temían del desarme era que ello los convertiría en blancos fáciles para sombríos sicarios conectados con los barones regionales de extrema derecha. Ellos le recordaron que cuando un partido de izquierda con vínculos con las FARC se formó en la década de 1980, centenares de sus miembros fueron asesinados, endureciendo la determinación de combatir de los rebeldes. Reconociendo la necesidad de abordar esa preocupación, el gobierno dijo en julio que conformaría una comisión para garantizar la seguridad de los guerrilleros desmovilizados. Los avances incrementales en esos puntos álgidos condujeron al anuncio del 23 de septiembre de un histórico avance en La Habana por parte de Santos y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño. Las dos partes habían acordado la creación de un sistema para recopilar testimonios y hacer justicia, y también que los rebeldes de las FARC que reconozcan su participación en crímenes serían sentenciados a penas de cinco a ocho años en entornos de baja seguridad. Todavía hay elementos cruciales por acordar antes de la fecha del 23 de marzo fijada para firmar un acuerdo de paz definitivo. El desarme debe empezar dos meses después de la firma. Funcionarios del gobierno y personas cercanas a las conversaciones corroboraron el recuento del Sr. Aronson sobre sus conversaciones con las FARC y la narrativa de los eventos. Las FARC declinaron hacer comentarios. La administración Obama, la Unión Europea y el Papa Francisco felicitaron a las dos partes por el avance del mes pasado. “Estoy muy feliz”, les dijo el pontífice a reporteros en su vuelo a Roma tras su viaje a los EE.UU., “y me sentí como parte del mismo porque siempre he querido esto”. Aronson ayudó a “presionar y a explicarles a las FARC cómo es el mundo hoy”, dijo Santos. “Con su conocimiento, experiencia y pragmatismo, ha contribuido enormemente en la búsqueda de un camino hacia una paz negociada”. Aronson, de 69 años, es un diplomático conocido por tender puentes de acercamiento. A pesar de ser miembro del partido demócrata, fue el funcionario diplomático de más alto nivel del Presidente George H.W. Bush, y ayudó a lograr un acuerdo de paz que le puso fin a la guerra civil en El Salvador. También trabajó en la organización de elecciones libres en Nicaragua en 1990, las cuales señalaron el fin del conflicto en ese país. Nombrado por el Presidente Obama por recomendación del Secretario de Estado John Kerry, el Sr. Aronson ingresó a las conversaciones de Colombia porque ambas partes solicitaron la presencia de un diplomático estadounidense. Los EE.UU. son un enemigo natural de los comandantes guerrilleros impregnados de la ideología Estalinista. Pero el grupo quería un enviado estadounidense debido a los estrechos vínculos estadounidenses y económicos con el gobierno de Santos, dicen funcionarios colombianos y estadounidenses. Aronson, quien se ha reunido nueve veces con las FARC, dijo que les enfatizó a los rebeldes que su mejor oportunidad para la paz era con Santos, quien inició las conversaciones pero vio cómo cayó su popularidad este año cuando las negociaciones enfrentaron obstáculos. Bien arreglado, de pelo canoso y una actitud paciente, Aronson dijo que les dejó en claro a las FARC que él no era neutral, sino que estaba allí para apoyar al Presidente Santos. “Les dije, ‘no voy a engañarlos’”, dijo Aronson. “‘No les voy a prometer algo que no pueda hacer. Si no puedo hacer algo, se los voy a decir’. Los traté con respeto”. Desde el acuerdo de septiembre, las expectativas de paz han crecido. Entre los colombianos, los optimistas frente a las conversaciones aumentaron del 29% en julio al 46% a finales de septiembre, según lo indicó una encuesta de Ipsos-Napoleón Franco publicada el 4 de octubre. Aronson dijo que ahora hay más presión sobre los negociadores, tanto desde adentro de Colombia como del exterior. “Ambas partes se involucran más en el proceso y este empieza a ganar un cierto ímpetu, y esto los va llevando adelante”, dijo el Sr. Aronson. “Pero uno tiene que querer hacer la paz”.