La búsqueda de la paz en Colombia se ha convertido en noticia de todos los días para los medios de comunicación nacionales e internacionales. Una selección de prensa permite ver los momentos más importantes de las conversaciones de paz y las iniciativas ciudadanas para lograr la meta.

Prensa Regional y Nacional

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Apoyo mundial a nuestra paz

19/05/2016

Agradezco todo el respaldo internacional a la búsqueda de paz en Colombia. Cada vez más países, instituciones y organizaciones del exterior nos tienden su mano y su ayuda será fundamental en el posconflicto y la construcción de un nuevo país.

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Respaldo de la ONU

17/05/2016

Agradezco respaldo del secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, al Acuerdo que logramos en La Habana para sacar a nuestros niños de la guerra.

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Acuerdos de paz tendrán seguridad jurídica

14/05/2016

Comparto las opiniones de Humberto de la Calle, el Acuerdo de implementación logrado en La Habana respeta las instituciones. Acuerdos de paz deberán ser aprobados por el Congreso, la Corte y los colombianos.

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EL TURISMO SERÁ UNO DE LOS GRANDES BENEFICIADOS CON LA PAZ

13/05/2016

Gracias a esas transformaciones, compañías de la talla de la cadena Marriott han decidido apostarle al país para realizar sus inversiones. De hecho, anunció la llegada de su marca de hoteles Courtyard, considerada una de las de mayor crecimiento en el mundo.

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En un país minado no es posible una paz completa

13/05/2016

Este año tenemos 700 hombres y mujeres en el terreno, y 5 mil más en entrenamiento. El próximo año serán 10 mil dedicados al desminado. En los últimos 8 años se desminaron 24 municipios del país, cinco de los cuales ya fueron declarados libres de minas antipersonal.

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emprendamos el capítulo de reconciliación

05/05/2016

“Si no perdonamos nuestras vidas se convierten en un infierno. ¿Qué hacen las personas que no otorgan el perdón?, ¿Dedicar todos los días en odiar a los que nos hicieron daño y en buscar como vengarnos? Yo creo que eso es un infierno". Yolanda Pinto.

Prensa Internacional

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La paz que se acerca, una victoria para el Plan Colombia: Card y McLarty

04/02/2016

El apoyo de los Estados Unidos a la contrainsurgencia y al desarrollo económico le ayudaron a la nación a superar la violencia, el caos.

La paz que se acerca, una victoria para el Plan Colombia: Card y McLarty El apoyo de los Estados Unidos a la contrainsurgencia y al desarrollo económico le ayudaron a la nación a superar la violencia, el caos. Hoy en día sería difícil imaginar una iniciativa de política exterior de los Estados Unidos con los siguientes ingredientes: apoyo bipartidista sostenido, una estrategia que de manera sistemática fue flexible ante grandes adversidades y la evidencia indudable de un resultado exitoso. No obstante, dicho ejemplo existe. Se llama Plan Colombia. Durante la última década y media, los Estados Unidos contribuyeron con casi 10.000 millones de dólares para la lucha contra el narcotráfico y las guerrillas izquierdistas en la nación sudamericana. No obstante, desde el principio el plan tuvo como objetivo más ambiciosos ayudar a rescatar la democracia colombiana. Colombia, que en algún momento pareció estar al borde de convertirse en un Estado fallido, se ha convertido en una historia de éxito gracias al decidido liderazgo y a la valentía del pueblo colombiano . Para conmemorar el lanzamiento del Plan, el Presidente Juan Manuel Santos se reunirá con el Presidente Obama el jueves en la Casa Blanca. El Presidente Santos también buscará apoyo para lo que describe como el máximo legado del plan: un acuerdo de paz, ad portas de ser firmado, que pondría fin a la guerra en Colombia, el conflicto más largo del hemisferio occidental. Este es un buen momento para reflexionar sobre los logros de Colombia y para tirar algunas lecciones del lado norteamericano de la relación. Plan Colombia es el modelo de un compromiso positivo por parte de los Estados Unidos en el hemisferio. Y sólo fue posible gracias a una participación presidencial positiva durante viarias administraciones y el tipo de cooperación bipartidista que tantas veces falta hoy en frente a decisiones difíciles. Plan Colombia fue la creación del Presidente Clinton y el entonces presidente Andrés Pastrana. El Presidente Clinton había desarrollado un profundo interés por Colombia a principios de su período gracias a su relación con el Presidente Gaviria. En 1998, las condiciones en el país se habían deteriorado de manera alarmante. El narcotráfico y las marxistas Fuerzas Revolucionarias de Colombia, FARC, amenazaban la seguridad nacional de los Estados Unidos y el futuro de Colombia. El plan, que a menudo fue ilustrado como estrategia anti-narcóticos, hizo mucho más. De la mano de fondos colombianos, que excedieron de lejos la contribución de los Estados Unidos, la ayuda norteamericana ayudó a promover el desarrollo social y económico y a desarrollar un robusto plan anti-insurgencia. El Presidente Bush amplió el programa y el Congreso de los Estados Unidos aumentó la financiación y la cantidad de asesores militares norteamericanos. El Presidente Bush veía un gran aliado en el Presidente Álvaro Uribe, cuyas políticas de seguridad habían golpeado fuertemente a las FARC y, al parecer, las llevaron a negociar. Juan Manuel Santos fue ministro de defensa del Presidente Uribe antes de ser elegido presidente en 2010. Con el inicio de las negociaciones de paz hace más de tres años, el Presidente Santos ha buscado ponerle fin a un conflicto que ha durando más de 50 años, que se ha cobrado la vida de 220.000 personas, la mayoría civiles, y que ha generado seis millones de refugiados. El acuerdo de paz disolvería el grupo rebelde FARC, que se ha financiado gracias a asesinatos, miles de secuestros y cientos de millones de dólares de utilidades del narcotráfico. La perseverancia de Santos ha mantenido las conversaciones vivas. Logró asegurar un hito el otoño pasado superando temas controvertidos como la “justicia transicional” o cómo adjudicar responsabilidad y castigo por violaciones de derechos humanos y otros delitos. Esto allanó el camino para poner como fecha límite para la firma del acuerdo el 23 de marzo. Los miles de integrantes de las tropas de las FARC de desarmarían bajo la supervisión de las Naciones Unidas en un plazo de 60 días después de la firma. Este acuerdo viene acompañado de una intensa oposición en Colombia. La razón es simple: la gran mayoría de colombianos odian a las FARC. Más del 90% están a favor de penas de prisión para sus integrantes, según una encuesta realizada por Ipsos Napoléon. El acuerdo de paz les permitiría evitar la prisión a aquellos que confiesen crímenes. Entre los mayores opositores está el ex presidente Uribe. Las encuestas muestran que Santos tendrá que luchar para lograr la aprobación pública del acuerdo final. El Presidente Santos, economista a cuya familia le perteneció el periódico de mayor circulación en Colombia, ha dicho que la diplomacia, aunque políticamente y moralmente compleja, es preferible a continuar el derramamiento de sangre. “Es mucho más difícil hacer la paz que hacer la guerra, ha dicho. “”Hacer la guerra es bastante popular...Hacer la paz es más difícil”. El Presidente Obama ha sido un enfático defensor del proceso de paz. Cuando las FARC solicitaron que hubiera un representante norteamericano en las conversaciones, nombró a Bernard Aronson, distinguido diplomático que ayudó a garantizar el la paz en Centroamérica durante la administración de George H.W. Bush. Aronson se ha esforzado en convencer a los líderes de las FARC de que un acuerdo es su mayor oportunidad para alcanzar la paz y un mejor futuro para Colombia. Como muchos países del hemisferio, Colombia es un lugar de contradicciones. Al tiempo que sufría una alarmante violencia ha cultivado una cultura política sofisticada y capaz. El país de 50 millones de habitantes tiene una economía en expansión. Con la paz, estaría en capacidad de dedicarle más de su energía a construir el país y girar la mirada hacia el exterior. Para parafrasear a su más famoso autor, Gabriel García Márquez, se escaparía de la soledad impuesta por décadas de guerra interna. El Presidente Santos espera que ese momento llegue pronto. Cuando así sea, Plan Colombia habrá cumplido con su promesa de ayudar a crear una mejor Colombia.
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Necesitamos apoyar a Colombia en los esfuerzos de paz

03/02/2016

Esta semana el presidente Obama le da la bienvenida a la Casa Blanca a su homólogo colombiano, el presidente Juan Manuel Santos, en una coyuntura crucial en la historia de los 215 años de historia de Colombia.

NBC NEWS Opinión: Necesitamos apoyar a Colombia en los esfuerzos de paz Por: Representante Rubén Gallego, D-AZ Esta semana el presidente Obama le da la bienvenida a la Casa Blanca a su homólogo colombiano, el presidente Juan Manuel Santos, en una coyuntura crucial en la historia de los 215 años de historia de Colombia. Nuestro aliado suramericano está al borde de un acuerdo histórico que podría llevar el conflicto más prolongado de nuestro hemisferio a una conclusión pacífica. Para los colombo-estadounidenses como yo, este es un momento tanto de emoción como de aprensión. Si bien hay elementos claves sobre cómo se implementará un potencial acuerdo de paz que aún están por resolverse, parece cada vez más probable que el año 2016 va a ver como la guerrilla de las FARC finalmente depone sus armas, poniéndole fin a medio siglo de derramamiento de sangre. Este importante avance merece celebrarse, no solamente en Colombia, sino aquí en Washington. En momentos en los que aparentemente todos los aspectos de nuestra política exterior, desde combatir al ISIL hasta las relaciones con Cuba, son objeto de intensos debates partidistas, Colombia representa algo cada vez más esquivo – un éxito estadounidense en el exterior sobre el cual se pueden sentir bien los miembros de ambos partidos. Y en este momento crítico, los Demócratas y los Republicanos deben unirse para garantizar que Estados Unidos está tan comprometido con ayudar a Colombia a concretar la paz como lo estuvimos al ayudar a Colombia a librar la guerra. "ESTADOS UNIDOS APOYÓ A COLOMBIA EN LA GUERRA; DEBEMOS APOYAR A COLOMBIA EN LA PAZ”. Desde los años 60, las guerrillas izquierdistas han combatido en una sangrienta insurgencia que se regó desde remotas montañas y selvas hasta las calles de Bogotá. Durante el transcurso del conflicto, se han perdido más de 220,000 vidas y más de 6 millones de personas han sido forzadas a huir de sus hogares. Desde agricultores rurales hasta profesionales urbanos, colombianos de todas las esferas de la sociedad han sufrido, convirtiéndose en víctimas de secuestros, violencia sexual, desapariciones forzosas y asesinatos. A finales de los años 90, Colombia estaba en riesgo de convertirse en un estado fallido. Sin embargo, desde entonces, el país ha sido testigo de un notable giro de 180 grados. La tasa de homicidios, que alguna vez estuvo entre las más altas del mundo, ha caído abruptamente, mientras que el crecimiento económico ha tenido una marcada mejoría. Ahora, tras décadas de una violencia sin sentido, el pueblo colombiano está ad portas de marcar el inicio de una nueva era de paz y prosperidad. Los estadounidenses saben por desgracia por experiencia propia lo difícil que es derrotar a un movimiento insurgente decidido y resiliente. Sin embargo, el gobierno colombiano bajo el liderazgo del presidente Santos está cerca de lograr justamente eso. Como él lo ha reconocido sin reparos, este éxito le debe mucho al decidido apoyo de tres administraciones estadounidenses sucesivas. Comenzando con el presidente Clinton y continuando bajo los presidentes Bush y Obama, Estados Unidos ha suministrado una generosa asistencia por un total de más de 10 mil millones de dólares para ayudar al pueblo colombiano en su lucha contra los traficantes de drogas y los grupos armados ilegales. En momentos en los que nuestros debates sobre política exterior se han politizado cada vez más y muestran una peligrosa miopía, Colombia ofrece un poderoso ejemplo de los réditos que puede dar un compromiso bipartidista de largo plazo. Pero mientras que los dólares estadounidenses y los equipamientos militares estadounidenses han permitido los avances que llevaron a las FARC a la mesa de negociaciones, mucho más importante fue la voluntad del pueblo colombiano para soportar las cargas necesarias para darle un vuelco a su país. Colombia asumió la propiedad real de la lucha contra las FARC y pagó el precio, tanto con sangre como con recursos, para sentar los cimientos para la paz. Y aquí hay una lección clara para quienes definen las políticas en Estados Unidos: para derrotar a insurgentes violentos necesitamos socios cuyo compromiso sea igual o superior al nuestro. Sin embargo, incluso más que su valentía en el combate, es la moral del pueblo colombiano la que merece nuestro perdurable respeto. La decisión de hacer a un lado 50 años de heridas físicas y emocionales para buscar una solución negociada se erige como testimonio de su capacidad de sanación y de perdón. Si bien un acuerdo final está al alcance de la mano, persistirán retos significativos si y cuando se firme el acuerdo. Los rebeldes de las FARC que han pasado todas sus vidas combatiendo a los militares colombianos necesitarán ser reintegrados a la sociedad. Al mismo tiempo, los combatientes de todos los lados estarán sujetos a un prolongado y difícil proceso de verdad y reconciliación. Colombia también tiene más minas terrestres que todos menos un puñado de países en la Tierra y estas peligrosas municiones tendrán que ser desenterradas y destruidas. Por eso ha llegado el momento de un renovado compromiso estadounidense de largo plazo con Colombia. Ahora, justo cuando el proceso de paz está empezando a dar frutos, sería el peor momento para reducir nuestra asistencia financiera a nuestro socio. De hecho, la ayuda estadounidense es crítica si el acuerdo con las FARC ha de ser implementado total y efectivamente. Tras décadas de equipar a Colombia para combatir, tenemos tanto la obligación moral como el interés adquirido de ayudar al pueblo colombiano a reconstruirse. Debemos redoblar el robusto apoyo bipartidista que, por fin, ha llevado a Colombia al borde de la paz. Estados Unidos apoyó a Colombia en la guerra; debemos apoyar a Colombia en la paz.
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El apoyo estadounidense le da un futuro de paz y progreso a mi país

03/02/2016

Regreso esta semana a Washington para agradecer al pueblo estadounidense y al gobierno de los EE.UU. por la ayuda que le han dado a Colombia durante los últimos 15 años, y para mirar hacia adelante a los próximos 15 años por lo que ello significará para nuestras dos naciones.

Presidente colombiano: el apoyo estadounidense le da un futuro de paz y progreso a mi país DESTACADOS La ayuda y el entrenamiento militar de los EE.UU. ayudan a la nación a derrotar grupos armados ilegales Una generación más joven crecerá en paz POR JUAN MANUEL SANTOS @JuanManSantos Regreso esta semana a Washington para agradecer al pueblo estadounidense y al gobierno de los EE.UU. por la ayuda que le han dado a Colombia durante los últimos 15 años, y para mirar hacia adelante a los próximos 15 años por lo que ello significará para nuestras dos naciones. A pesar de ser devastado por más de cinco décadas de conflicto y crimen, el pueblo colombiano le dio respaldo popular a sus fuerzas militares y a la policía nacional, quienes tomaron la iniciativa para retomar el territorio perdido y establecer relaciones en nuevos espacios, generando las condiciones para la victoria que ha hecho pasar a la paz de ser un sueño largamente olvidado a una realidad recién descubierta. Estas son las mismas fuerzas armadas que se beneficiaron con el entrenamiento directo y la asistencia que recibieron de las fuerzas militares y las autoridades de los Estados Unidos. Ustedes nos dieron la herramienta para que pudiéramos hacer el trabajo, y lo hicimos. Debido a su ayuda, nuestras fuerzas armadas y nuestra policía recuperaron territorios que estuvieron perdidos por generaciones en manos de grupos armados ilegales, restablecieron el imperio de la ley, e hicieron posible que los servicios del gobierno regresaran o llegaran por primera vez. Debido a su ayuda, nuestras fuerzas armadas y nuestra policía le devolvieron el país al pueblo de Colombia abriendo carreteras para que tanto los ciudadanos como los visitantes pudieran viajar entre nuestras hermosas y dinámicas ciudades y pueblos. Debido a su ayuda, los niños pueden caminar a la escuela sin el temor de ser secuestrados y convertidos en niños soldados; los agricultores pueden cultivar sin temor de encontrar minas terrestres; el medio ambiente puede crecer de manera segura, sin la devastación y el ecocidio que causa el tráfico de drogas. Debido a su ayuda, nuestras armadas adelantan más operaciones de interdicción marítima que casi cualquier otra fuerza naval, para frenar el flujo de drogas, armas y personas. Debido a su ayuda, y a la visión y los valores compartidos de nuestras dos naciones, las fuerzas armadas de Colombia han tomado lo que aprendieron de los militares estadounidenses, lo han unido a nuestra experiencia y pericia, y han comenzado a exportar seguridad a otros países, culturas y regiones no tan afortunadas como nosotros. Hoy en día, nuestra capacitación y asistencia va desde prestar apoyo en entrenamiento antinarcóticos para la policía afgana, hasta misiones antipiratería en el Cuerno de África, interdicción marítima y entrenamiento policial en África Occidental, y ayudar a nuestras hermanas y hermanos en Centroamérica en su lucha democrática contra organizaciones criminales transnacionales que trafican drogas, personas y miseria. La realidad es que, debido a su continuado apoyo y asistencia, por primera vez en más de medio siglo, Colombia está en el umbral de una dinámica postconflicto. Nuestros hijos y nietos tendrán un futuro en el que leerán sobre vuestro conflicto en libros de texto en lugar de experimentarlo en carne propia. En nombre del agricultor en las afueras de Medellín, que puede labrar sus tierras sin temor a encontrar minas terrestres, y de la maestra en los alrededores de Cali, que no tiene que preocuparse de que sus estudiantes sean secuestrados y forzados a convertirse en niños soldados, yo les agradezco. En nombre de la agente de policía en Barranquilla, que puede prestar ayuda a víctimas en lugar de convertirse en una de ellas, y de la enfermera en Bucaramanga, que cuida de los enfermos, yo les agradezco. En nombre del soldado en Arauca, quien protege y defiende a la nación, y del conductor de bus en Bogotá que puede moverse libremente entre ciudades y pueblos, yo les agradezco. En nombre del cadete en Cartagena, oficio que yo mismo desempeñé, que lucha valientemente contra la miseria propagada por las organizaciones criminales transnacionales, yo les agradezco. Pero más importante aún, en nombre de la próxima generación, de los niños y niñas a lo largo y ancho de nuestro hermoso país que finalmente tienen un futuro, yo les agradezco. Incluso mientras las conversaciones de paz llegan a su etapa final, el gobierno colombiano está implementando elementos del acuerdo, posibilitado por las mismas fuerzas armadas y de policía que seguirán protegiendo y defendiendo la paz. Debido a su determinación, la capacitación y la asistencia de los Estados Unidos y el compromiso del pueblo colombiano, el futuro finalmente está colmado de esperanza y oportunidades. Esta no es la victoria de un hombre ni la victoria de un grupo; esta es la historia de la victoria de una nación, implementada por las fuerzas armadas y la policía, contra todas las probabilidades y expectativas. La resiliencia del pueblo colombiano empoderó a sus fuerzas armadas y a la policía nacional para crear un espacio para la victoria, demostrando que los militares y la policía hicieron su trabajo. Ahora ha llegado el momento para que los políticos hagan el suyo. JUAN MANUEL SANTOS ES EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA.
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Las Naciones Unidas pueden sellar la paz en Colombia

23/01/2016

Es poco frecuente que combatientes recurran a las Naciones Unidas de mutuo acuerdo, solicitando ayuda para la ejecución de un acuerdo de paz.

Las páginas de opinión | EDITORIAL Las Naciones Unidas pueden sellar la paz en Colombia Por LA JUNTA EDITORIAL 23 de enero de 2016 El gobierno de Colombia y el grupo guerrillero más grande del país le han hecho una inusual solicitud conjunta al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Cuando se avecinan las últimas etapas de la negociación de un armisticio, las dos partes le solicitaron al Consejo conformar una misión de expertos internacionales para supervisar una parte crítica del acuerdo propuesto: el desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, una insurgencia inspirada en el marxismo. Es una tarea que las Naciones Unidas debe acoger. La deposición de las armas es un prerrequisito crítico para un cese al fuego permanente. Desde que se iniciaron las conversaciones de paz en La Habana en 2012, las dos partes han llegado a acuerdos tentativos sobre lucha contra el tráfico de narcóticos, reforma agraria, y reparaciones para las víctimas. Pero volver realidad estos acuerdos requerirá de la colaboración pacífica de ambas partes, y eso depende de la voluntad de los escuadrones de combatientes de la guerrilla para salir de la selva y entregar sus armas. Considerando la prolongada desconfianza entre combatientes que han estado en guerra durante cinco décadas, este podría ser un proceso tirante. De ahí la solicitud conjunta a las Naciones Unidas para que lo supervise. Si bien el presidente Juan Manuel Santos de Colombia calificó la solicitud como una señal de que el proceso de paz era “cada vez más irreversible”, la entrega de las armas no va a ser fácil. Los líderes de las FARC se han mostrado reacios a entregar sus armas al gobierno, argumentando que el hacerlo sería visto como un acto de derrota. Actualmente no hay ningún acuerdo sobre quien asumiría la custodia de las armas, y que sucedería en últimas con ellas. El gobierno colombiano concibe que las FARC reunirán a sus combatientes en unas pocas regiones una vez se firme un acuerdo final de paz, y que los combatientes rasos comenzarán una transición gradual hacia la vida civil. Contar con equipos de observadores internacionales presentes en esos lugares aumentaría la probabilidad de que el proceso pueda adelantarse de manera ordenada, y que cualquier disputa y desafío no previsto podrían ser solucionados rápidamente. El gobierno ha prometido garantizar la seguridad del personal de las Naciones Unidas, que estaría desarmado. Las partes han solicitado que los equipos incluyan miembros de países caribeños y latinoamericanos. La misión tendría un mandato de un año que podría ser renovado por mutuo acuerdo. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, manifestó su apoyo en una declaración calificando la solicitud como “otro paso significativo hacia la resolución pacífica del conflicto armado”. Es poco frecuente que combatientes recurran a las Naciones Unidas de mutuo acuerdo, solicitando ayuda para la ejecución de un acuerdo de paz. En un momento en el que las Naciones Unidos atraviesa por dificultades para contener los conflictos en Libia, Yemen y Siria, la misión a Colombia es una oportunidad prometedora. El manejo de una fase crucial de este proceso sería un símbolo poderoso que indicaría que incluso los conflictos enconados y prolongados pueden terminarse por medio del diálogo.
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Colombia: una luz al final de túnel

17/12/2015

El reciente acuerdo entre el gobierno de Colombia y las FARC sobre las víctimas es uno de los mayores logros al que hayan llegado las partes en la ardua negociación.

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Colombia: acuerdo por las víctimas

15/12/2015

Ambas partes han dado muestras de contención, sensatez y voluntad política y han logrado sobreponerse a situaciones de gran tensión.