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SOBRE LA VERDAD Y LA JUSTICIA

Bogotá Volver

Para lograr la paz que todos soñamos es fundamental conocer la verdad de los hechos ocurridos en el conflicto armado y garantizar que los responsables respondan por sus actos ante las víctimas y la sociedad. Esa es una de las maneras como aseguramos que la guerra no se vuelva a repetir.

La verdad es —para una sociedad como la nuestra, herida después de medio siglo de conflicto interno armado—, un instrumento sanador y liberador. Me lo decía Nelson Mandela: ‘la paz es el camino’.

Un camino que comenzamos a transitar y que nos llevará —Dios mediante— a una sociedad más justa y más igualitaria, donde el Estado haga presencia institucional y social en cada centímetro de nuestro territorio. Y me gustan mucho las palabras de la abogada Ana Caterina Heyck cuando dice ‘si firmamos lo de La Habana, es el fin del conflicto armado; no el fin del conflicto’, porque la sociedad tiene un conflicto inherente.

Pero es un cambio de paradigma, que en lugar de resolver las diferencias a punta de bala, las resolvemos civilizadamente. Esa es una diferencia del cielo a la tierra. En medio de ese camino, hay obstáculos y hay problemas por resolver.

Pero —más que nada— hay la decisión de una sociedad de sortearlos y solucionarlos porque el fin al que aspiramos lo amerita; porque la paz es —y así lo ha dicho la historia a través de los siglos—, la paz es el bien supremo de toda sociedad, de toda nación. Si queremos una paz cierta debemos conciliar fines que a primera vista parecen incompatibles: la realización de la justicia y el respeto de los derechos de las víctimas —por un lado— y el fin de una violencia de décadas y la prevención de daños futuros, es decir, de nuevas víctimas —por el otro—. A veces uno dice: ‘conciliar eso es imposible’. No, es posible a través de mecanismos como la justicia transicional. La paz depende de que todos estemos dispuestos a ceder algo.