Cuando recojo mis pasos me doy cuenta que he tejido, paso a paso, todas las condiciones para estar preparado para darle a nuestro querido país la oportunidad de tener un nuevo mañana, uno en paz. Le he dedicado toda una vida a Colombia.


Niñez y juventud

Se casan mis papás

Se casaron este año en la parroquia de la Veracruz en una ceremonia conducida por monseñor José Vicente Castro.

Sueños e ilusiones desde que nací

Nací el 10 de agosto de 1951 en un barrio típico de calles pequeñas. Todavía recuerdo la dirección: calle 70 No.35-27 y el teléfono: 4811010. Allí pasé los primeros años de mi vida rodeado de cariño y afecto.

Chapineruno

Nací en la clínica de Marly este día y mi papá, orgulloso, publicó la noticia en las páginas de El Tiempo, donde fue jefe de redacción y editor por 59 años. ¡Incluso puso mi peso y talla!

De tradición católica

Crecí en el seno de una familia de firmes convicciones católicas. Acá estoy recibiendo la comunión el día de mi Confirmación en la capilla del Gimnasio Moderno.

Cuestión de talla

A veces mi mamá, Clemencia, nos vestía igual. Lo curioso es que a nosotros no nos gustaba mucho. En esta ocasión nos puso la misma bata. El mayor es Enrique, le sigue Luis Fernando, luego yo y termina Felipe.

Siempre formal

En la primera comunión de Luis Fernando con mis primas, primos, mi abuelo Calibán y mi abuela Nohemí Castillo, a la que le decíamos Mamá Numita.

Siempre entre tinta

Desde muy chiquito, mi papá me llevaba a cerrar el periódico. Muchas noches acabé durmiendo entre los rollos de papel. Antes de que las rotativas se trasladaran a la calle 26, quedaban al lado de la Estación de la Sabana en un lugar que se llamaba Los talleres.

La mejor maestra

Tuve la mejor profesora de golf: mi mamá, Clemencia, quien fue campeona nacional. Gracias a ella gané el primer campeonato infantil de golf en el Country Club de Bogotá.

Mi orgullo

Entre los 12 y los 15 años mis grandes amigos eran los perros. Aquí estoy con mi pastor alemán: Don Kassan I de Chichimoco. Participábamos en exhibiciones con otros perros que tenían nombres rarísimos, así que no quería que él se quedara atrás, por eso lo bauticé de forma tan curiosa. Lo entrenaba todos los sábados en la Escuela de Carabineros de Suba. En ese entonces, el Mayor Delgado Mallarino, que fue director de la Policía, me enseñaba todo sobre el entrenamiento.

La cosa con los perros iba en serio

Gracias a Kassan fui campeón nacional junior en varias exhibiciones. Además, fui miembro de la junta directiva del Club Canino Colombiano.

En el Anglo

Pasé por varios colegios en mi infancia. Comencé en el Nueva Granada, pero mi mamá me sacó porque un día me regañó y yo le respondí en inglés. Dijo que cómo era posible que yo estuviera hablando más inglés que español, y la verdad es que tenía toda la razón. Así que me pasaron al Anglo Colombiano donde estudiaba mi hermano Enrique. Luego me cambiaron al San Carlos para que estuviera con Luis Fernando.

Plena adolescencia

Nos pasamos a una casa en la calle 34 con carrera 3era. Allí fueron mis primeras parrandas. Bailábamos canciones como ‘Tina’ hasta algunas de los Beatles.

Carrera militar

Siempre he dicho que la mejor educación la obtuve en la Escuela Naval de Cadetes de Cartagena. Allí adquirí valores y principios que duran para toda la vida.

Tocando la gaita

Tocar este instrumento no es nada fácil, pero aprendí y fui de la primera promoción de gaiteros que tuvo la Armada. Todavía tengo la gaita que tocaba en esos días.

El alumno pasó

Me gustaba mucho estudiar, fui el primero en el curso y designado como alumno distinguido en la Escuela Naval. Me entregaron una medalla y papá, Enrique, lloró.

Mi libreta

Con orgullo estudié en Cartagena y obtuve la libreta de reservista. Muchos años después volvería a la Escuela, y sentí la misma emoción que cuando joven.

Tres generaciones de Santos

Esta fue de las últimas fotos que nos tomamos con mi abuelo Calibán. Estamos mi papá, Enrique Santos Castillo, mis dos hermanos, Luis Fernando y Enrique, y yo.

A estudiar se dijo

Inicié mi formación universitaria en Estados Unidos, en la Universidad de Kansas en la cual estudié Economía y Administración de Empresas.

Familia y vida pública

Mi segundo papá: Arturo Gómez Jaramillo

Cuando me gradué en 1971, mis papás querían que entrara a El Tiempo, pero yo quería iniciar mi carrera aparte, así que busqué trabajo en la Federación Nacional de Cafeteros. Allí fui asistente de relaciones públicas y luego encargado de la Fábrica de Café Liofilizado en Chinchiná, Caldas. Una experiencia personal me marcó: conocí a quien fue mi segundo padre, el señor Arturo Gómez Jaramillo (foto). Él fue un gran gerente de la Federación de Cafeteros. Recuerdo que era un gran experto en vinos y muy tímido; tenía cierta dificultad para expresar sus sentimientos, pero era un hombre con un gran sentido del humor. Don Arturo, como cariñosamente le llamábamos, inspiró un profundo respeto sin que nunca se le oyera alzar la voz.

Rumbo a Londres

El 18 de agosto viajé a Londres como jefe de la Delegación Colombiana ante la Organización Internacional del Café. Reemplacé a Roberto Junguito y mi jefe fue Juan Camilo Restrepo. Ese año realicé un posgrado en la London School of Economics.

Churchill y otras pasiones

Fue en Londres donde adquirí la pasión por las biografías y comencé a estudiar a Churchill. Viví en una época muy convulsionada con los primeros ministros Harold Wilson, luego James Callaghan y alcancé a estar en los inicios del gobierno de Margaret Thatcher.

Debatiendo

Discusiones en el marco de la Organización Internacional del Café. Mi periodo londinense está por terminar. Me alisto para volver a estudiar en 1980, una Maestría en Administración Pública en Harvard.

Siempre preparándome

Comienzo el posgrado en Administración Pública en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.

Mi llegada al mejor oficio del mundo

Regresé a Colombia y siguiendo con la tradición familiar, ocupé la subdirección de El Tiempo. En ese entonces ocurrieron eventos importantes en la historia de nuestro país, como el fallido proceso de paz del Gobierno de Belisario Betancourt, la oleada terrorista de Pablo Escobar y estuve al frente del periódico durante la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero. Muchas veces cacé algunas peleas, como cuando escribí una editorial llamada la ‘Socialización de las pérdidas’, en la que criticaba a los grandes cacaos y el monopolio de las cervezas. Eso concluyó en una disputa con Julio Mario Santo Domingo.

Con la plana mayor

Esta es una gran foto para la memoria del país: Estoy (de izquierda a derecha) con Álvaro Gómez, Misael Pastrana, Enrique, Alfonso López, Noemí Sanín, Julio César Turbay y Andrés Pastrana.

Una campaña histórica

Pitín fue la primera campaña de vacunación masiva en el país durante el Gobierno de Belisario Betancourt. A ella nos unimos con Yamid Amat. El entonces director de la Unesco y el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter dijeron que había sido tan importante como la llegada del hombre a la luna.

Con Jimmy Carter

Tuve el privilegio de conocer al expresidente de los Estados Unidos muy poco después de que dejara su mandato. Fue un privilegio y una inspiración conocer a quien había logrado firmar un acuerdo de paz como el de Camp David, entre Egipto e Israel. Encendió una llama en mí.

Siempre con la libertad de prensa

Siempre he participado en los eventos de la Sociedad Interamericana de Prensa, de la cual fui vicepresidente de la Comisión para la Libertad de Prensa. Estoy convencido que la salud de una democracia la define en gran parte la libertad con la que sus periodistas puedan hablar. Como subdirector de El Tiempo así conducimos el periódico.

¡Nos ganamos el Rey de España!

Junto con Enrique nos metimos en las entrañas de la Revolución Sandinista de Nicaragua para mostrar cómo el FSLN derrocó el gobierno de Somoza y cambió del todo esa sociedad. Nos marcó profundamente a ambos la realización de este trabajo y fue un honor ganar con Enrique este premio.

Los líderes liberales con futuro

La Internacional Liberal nos hizo una invitación a Alemania a los líderes liberales con futuro. Viajamos con Ernesto Samper, Luis Carlos Galán y Carlos Lemos. Existía la Cortina de Hierro y recuerdo que Carlos dio un discurso maravilloso, lo que me llevo a ofrecerle ser columnista de El Tiempo.

Hablando con Galán

Converso con el fundador del Nuevo Liberalismo cuando regresa al partido para someterse a consulta para las presidenciales de 1990.

Qué noviazgo

A María Clemencia la conocí en un almuerzo que organizó Alberto Casas. Ella era la secretaria privada de Noemí Sanín. La vi tan bonita, que fui y me presenté y, a partir de ese instante, comenzamos a hablar.

Nos casamos

Nos acompañaron los más cercanos amigos y familiares y con un río de paisaje de fondo ambos dijimos sí.

En Boston

Tuvimos una luna de miel de un año. Fui becario de la Fundación Nieman para el Periodismo, en Harvard. Tuve como profesor a Roger Fisher, experto en temas de negociación. Fue con él que comencé a pensar en la posibilidad de una salida negociada al conflicto en Colombia. Durante ese tiempo Tutina quedó embarazada de Martín.

¡Nace Martín!

El 15 de septiembre ha sido uno de los días más felices de mi vida. Desde ese entonces como ahora cuento con Martín como mi sombra.

Mi grado de Harvard

Este tiempo en Boston me confirmó mi profundo interés por la política pública. Ya siento que debo ponerla en práctica en mi país.

Bienvenido a la vida pública

No fue una decisión fácil de tomar, pero luego de pensarlo bien, llegué a la conclusión de que no quería ser director de El Tiempo, que era el paso que seguía en mi carrera. En mi familia había un especie de acuerdo: el que se fuera para la vida pública perdía su silla para siempre. Alfonso Palacio Rudas tuvo mucho que ver con mi decisión de aceptar ser Ministro de Comercio Exterior del Presidente Gaviria. Fui a pedirle un consejo y él me explicó la diferencia entre influencia y política; me dijo que lo fácil sería quedarse como director y que iba a tener influencia, pero que lo difícil era saltar a la política y que yo la tendría aún más complicada por ser un Santos. Yo decidí aceptar el reto.

Juramento en la Casa de Nariño

Todavía recuerdo lo que el Presidente Gaviria me dijo al ofrecerme dar tan importante paso: ‘A usted lo que le gusta es la política y por eso le ofrezco que se venga a la vida pública, que se venga al Gobierno’. Finalmente, acompañado de mi señora María Clemencia, Martín, María Antonia y Felipe, mi hermano, inicio mi carrera política jurando como ministro de la recién creada cartera de Comercio Exterior. Estos años de apertura económica empezarán a hacer sonar a Colombia.

Empiezan las cabañuelas

Los medios no se tardan en empezar a especular qué será de El Tiempo y cómo se repartirán las cosas dentro de nuestra familia.

El gabinete de Gaviria

Hay personas con las que he compartido desde hace muchas décadas, como Luis Alberto Moreno, Fabio Villegas y Rudolf Hommes. Y claro está, el presidente Gaviria.

Reforzar la imagen de Colombia

Durante el gobierno de César Gaviria ocupé la cartera de Comercio Exterior, en la que cultivé y desplegué mis capacidades diplomáticas con el fin de conseguir acuerdos beneficiosos para el país.

De entrevistador a entrevistado

La prensa está ávida por conocer qué será de este nuevo ministerio y de las posibilidades que traerá para la economía colombiana.

Empieza la correría

La tarea de crear confianza inversionista en el exterior es el gran reto que nos impusimos en el ministerio.

Una importante presidencia

Fui elegido por 4 años Presidente de la VII Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Uctad).

El renacer de un organismo

Presidí la VII Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo que tuvo lugar en Cartagena. Participaron más de 3.000 delegados de 171 países. Fueron dos semanas de negociaciones en las que logramos revitalizar este organismo. Pude hacer varios contactos bilaterales y logré la renovación de las comisiones mixtas con países de Europa del Este, Israel y China, importantes mercados para nosotros.

Una anécdota para compartir

El presidente Gaviria me encargó organizar la visita de John Major. Era la primera vez que un ministro británico pisaba tierras latinoamericanas y yo no sabía qué hacer. Como fui marino, me acordé que los ingleses habían creado nuestra marina. Le dije entonces a un barranquillero, Mauricio Obregón, el verdadero experto en esa historia, que reinauguráramos el Museo Naval. Él estaba vestido de blanco impecable, con su barba y su pelo blanco. Le encargué las palabras de introducción, y en su perfecto inglés, le dijo: “Primer Ministro Major, bienvenido a Colombia, bienvenido a Cartagena. Usted es el ciudadano británico de más alto rango que ha llegado y ha pisado nuestras tierras aquí en Cartagena y que no es recibido por los sonidos de los fusiles y los cañones”. Se refería, claro está, a historia patria, cuando el pirata Francis Drake y el Almirante Vernon quisieron conquistar a Cartagena.

Hasta en caricaturas

Cuando estuve en la Marina me condecoraron y mi papá lloró. Desde ese entonces, el gran Osuna siempre lo dibujó llorando.

Con los ojos puestos en el otro lado del mundo

Hacemos la primera misión empresarial colombiana a la cuenca del Pacífico, en la cual una delegación nacional visita Japón, China, Corea y Hong Kong, con el fin de abrir mercado en ese lado del mundo.

Misión al Asia

En ese entonces Íngrid Betancourt era una de mis asesoras y junto con ella coordinamos un viaje a Japón, China, Corea y Hong Kong. Nos sirvió para darnos cuenta de la importancia de ese mercado y la forma en la que estaba creciendo y cómo, hacia el futuro, sería el verdadero motor del crecimiento mundial. Fuimos con una serie de empresarios para lograr tener acceso a esos mercados.

Me nombran Designado a la Presidencia de la República

Es la primera elección que gano. Me enfrenté al entonces ministro de Comunicaciones William Jaramillo. En la junta de Congresistas Liberales la votación fue de 86 a 63. Finalmente, el Senado me nombró en esta importante posición con gran influencia política. Fui la última persona en ocupar esta asignación; luego, con la Constitución de 1991 se creó la figura del vicepresidente que reemplazaría la designatura.

El 10 de diciembre se completa la familia

Son mi debilidad, cada uno con su estilo y personalidad, tan distinto el uno del otro. Siempre han sido un apoyo fundamental para mí y aprendo de ellos cada día.

Un momento de felicidad

Tengo una agenda absolutamente ocupada, sin embargo, nunca será impedimento para estar con mis hijos un instante lleno de amor y emoción.

Entrada al comercio asiático

Mientras fui Ministro de Comercio comenzamos a golpear las puertas y nos abrieron el primer escalón para entrar a los clubes de comercio asiáticos. Era el Pacific Basin Economic Council, conocido como PBEC. Todo esto ha ido evolucionado en alianzas como la del Pacífico y ahora estamos cerca de entrar al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec). Participé en la reunión anual de comercio del Pacific Basin Economic Council en Kuala Lumpur.

El G3

El 13 de junio firmamos el Tratado de Libre Comercio con México y Venezuela. Además, firmamos un tratado similar con Chile.

Inauguramos las zonas francas

Durante el mandato del alcalde Jaime Castro le dimos la vía libre a estas zonas para incentivar el comercio en la capital.

Un honor que me da la Universidad del Rosario

Me conceden el grado Honoris Causa en esta prestigiosa universidad de la capital.

Fin de la Ronda de Uruguay

El 15 de abril, en Marrakech (Marruecos), celebramos el acta final de la mayor conversación comercial que haya existido jamás. Fueron siete años que dieron origen a una reforma del sistema mundial de comercio, entre ellos la creación del GATT. Además, mediante un acuerdo establecimos la creación de la Organización Mundial del Comercio.

La Cepal en Colombia

En 1993 fui elegido por dos años presidente de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y en abril del siguiente año fui el encargado de presidir una reunión entre los ministros de Comercio Exterior y Economía de América Latina y el Caribe. El tema que nos reunió fue la inserción de los países latinoamericanos a la economía internacional. En esta ocasión quedó atrás el proteccionismo y los interrogantes que había hacia la apertura económica. Hablamos de integración abierta, de modernización productiva y de vincular los temas sociales a las políticas de cada país.

Nace Buen Gobierno

Luego de pasar en el Ministerio de Comercio creé la que es un gran orgullo para mí, la Fundación Buen Gobierno, que nació para hacer viable un proyecto de país que asegure las mejores condiciones para el desarrollo político, económico, social, cultural y ambiental de la sociedad. Es una organización sin ánimo de lucro dedicada a promover la efectividad de la gestión pública y comunitaria.

Un reconocimiento

La London School of Economics, en donde estudié en los años 70 y donde tanto aprendí, me condecoró y eso me llenó de orgullo.

Una cumbre histórica

Una de los primeras acciones que logró la Fundación Buen Gobierno fue traer a Colombia a Adam kahane, un experto en resolución de conflictos que cumplió un papel muy destacado en el proceso de paz en Sudáfrica. De él me hablaron Carlos Arturo Rangel, el entonces presidente de la Andi, y el entonces embajador de España, Yago Pico de Coaña. Por pura coincidencia viajé a Sudáfrica a entregarle la presidencia de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) a Nelson Mandela, así que aproveché para preguntarle por el papel de Kahane en su proceso y me confirmó su importancia.

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Una de los primeras acciones que logró la Fundación Buen Gobierno fue traer a Colombia a Adam kahane, un experto en resolución de conflictos que cumplió un papel muy destacado en el proceso de paz en Sudáfrica. De él me hablaron Carlos Arturo Rangel, el entonces presidente de la Andi, y el entonces embajador de España, Yago Pico de Coaña. Por pura coincidencia viajé a Sudáfrica a entregarle la presidencia de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) a Nelson Mandela, así que aproveché para preguntarle por el papel de Kahane en su proceso y me confirmó su importancia. Gracias a la gestión de un antiguo profesor mío, Roger Fisher, logré contactarme con Adam kahane y lo invité a Colombia. No fue fácil, pero al final sacó tiempo su apretada agenda y pudo acompañarnos. Nos dimos a la tarea de realizar una convocatoria en un salón de eventos conocido como la Abadía de Monserrat, en Bogotá, con representantes de prácticamente todos los sectores sociales y políticos del país. Recuerdo que estuvieron el expresidente López Michelsen, Juan Carlos Esguerra, exministro de Justicia, los excancilleres Rodrigo Pardo y Augusto Ramírez Ocampo, la cúpula de la Iglesia, las Fuerzas Militares, el entonces alcalde de Bogotá Antanas Mockus, representantes de las asociaciones campesinas y de los empresarios del campo, representantes de los sindicalistas, de los industriales, académicos, políticos y militares retirados. También participaron representantes o simpatizantes de las autodefensas y –por vía telefónica– Francisco Galán y Felipe Torres del Eln, desde Itagüí, y Raúl Reyes y Olga Marín, por parte de las Farc, desde Costa Rica. Nunca antes habíamos tenido una conversación tan amplia y tan diversa de sectores de la sociedad colombiana –muchos de ellos contradictores o enemigos– para tener un acercamiento para ponerle fin al conflicto. Me aparté de este ejercicio porque no quería que se politizara y, además, porque yo estaba sonando como precandidato presidencial por el Partido Liberal.

Nace Destino Colombia

La cumbre de la Abadía de Monserrat fue la semilla para iniciar una serie de conversaciones que para ese entonces estaban rotas entre el Gobierno y los grupos armados ilegales. También fue precursora de un encuentro en Quirama, Antioquia, en el que un grupo de colombianos, de diversos sectores de la sociedad, imaginó cuatro escenarios posibles para el futuro del país en los próximos 16 años. Este ejercicio se llamó ‘Destino Colombia’.

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Nace Destino Colombia La cumbre de la Abadía de Monserrat fue la semilla para iniciar una serie de conversaciones que para ese entonces estaban rotas entre el Gobierno y los grupos armados ilegales. También fue precursora de un encuentro en Quirama, Antioquia, en el que un grupo de colombianos, de diversos sectores de la sociedad, imaginó cuatro escenarios posibles para el futuro del país en los próximos 16 años. Este ejercicio se llamó ‘Destino Colombia’. El primer escenario, ‘Amanecerá y veremos’, invitaba a pensar en lo que ocurriría si, en vez de hacer una intervención puntual, se dejaba que los problemas del país se resolvieran por sí solos, lo que llevaba a una pérdida de autoridad del Estado, al recrudecimiento de la violencia y al incremento de las condiciones de pobreza, entre otros. El segundo escenario, ‘Más vale pájaro en mano’, aludía a las concesiones ofrecidas a los grupos armados con tal de iniciar un proceso inmediato de reconstrucción de la democracia y de frenar el ciclo ascendente de violencia y muerte. El tercer escenario se llamaba ‘Todos a marchar’. Aquí el liderazgo político acogía la demanda popular para restaurar la seguridad y asumía un mandato que se caracterizaba por la firmeza contra los violentos. Finalmente, estaba el escenario ‘La unión hace la fuerza’, que parte de un empoderamiento de la sociedad civil para la resolución de conflictos. Es curioso, pero ese es el camino que hoy queremos hacer realidad y hemos puesto en marcha desde este Gobierno.

Me lanzo al ruedo

Sorpresivamente, en una convención de las Juventudes Liberales, derroté a Horacio Serpa, fue así como comencé a posesionarme mejor políticamente. Y aunque después no me fue tan bien, comenzaba el sueño de poder gobernar.

La Tercera Vía

Junto a mi amigo y compañero de ideas, el exprimer ministro Tony Blair, lanzamos el libro ‘La Tercera Vía’, que contenía dos ensayos. Uno se denominaba "Nuevas políticas para el nuevo siglo", firmado por el entonces primer ministro, y otro llamado “Una alternativa para Colombia”, escrito por mí. Con él coincidimos en poner en práctica esa Tercera Vía de la que habló originalmente Anthony Giddens, director de la universidad a la que yo pertenecí, la London School of Economics and Political Science. Sé que se preguntan: “¿Qué es la Tercera Vía”. Es una concepción sobre el papel del Estado en la sociedad que toma lo mejor y busca un camino intermedio y pragmático entre las dos corrientes que lideraron el mundo en el siglo XX: la de un liberalismo clásico —luego reeditado como neoliberalismo— que propendía por una libertad económica y del individuo en un sistema basado en la propiedad privada. Y por el otro lado, estaba el estatismo o intervencionismo, que defiende la propiedad y el control de los medios de producción por parte del Estado y la preponderancia de los derechos colectivos sobre los particulares.

Regreso al Gobierno colombiano

Fui llamado al Gobierno del presidente Andrés Pastrana en medio de una gran crisis política y económica. Mucha gente me dijo que era un suicida al irme a dirigir el Ministerio de Hacienda, pero siguiendo la frase “alto riesgo, alto retorno”, que siempre usaba un muy buen amigo mío llamado Samuel Yohai, decidí arriesgarme. Durante mi periodo en esta cartera tuvimos que hacer reformas durísimas como las que les contaré a continuación, muchas veces impopulares, pero que lograron salvar la economía colombiana y le dieron prestigio a Colombia como un país responsable en materia económica.

Enfrentando una época de vaca flacas

Empezamos el milenio con un panorama desalentador por la crisis económica de 1998 que llevó a que el país viviera, por primera vez, un crecimiento negativo de 4,5%. Los retos fueron inmensos y acá los discutimos en un foro en el que estuve acompañado de Juan José Echavarría, director de Fedesarrollo, quien había sido viceministro de Comercio en el gobierno Gaviria.

Reforma a las transferencias

Con Juan Carlos Echeverry, desde Planeación Nacional, promovimos y logramos conseguir la Reforma Constitucional al Régimen de Transferencias (Acto Legislativo 01/01), que fue una de las iniciativas más importantes –y también la más difícil de lograr–. Esta reforma aumentó y estabilizó los ingresos de las regiones, y creó un Sistema General de Participaciones desligado de los ingresos corrientes de la Nación, permitiéndole al Gobierno Nacional Central un manejo discrecional de sus ingresos corrientes presentes y futuros. La recuperación de la estabilidad fiscal de la Nación no habría sido posible sin esta reforma constitucional. En ese entonces, más de 1.000 alcaldes firmaron una carta de respaldo a este proyecto. Para tranquilidad de los colombianos, entregamos una garantía para que los recursos que se destinaban a la educación y a la salud no tuvieran un recorte.

Ley de pensiones

Logramos sacar adelante una ley de pensiones para agilizar el pago de las mesadas a los pensionados de las entidades públicas y privadas, con el fin de facilitar a los beneficiarios su cobro y mejorar sus condiciones de vida.

Es la economía, estúpido

Hace 15 años el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton vino a la Casa de Huéspedes, en el Fuerte de Manzanillo, en Cartagena, con una delegación bipartidista a lanzar el Plan Colombia. El ‘speaker of the House’ era republicano. Al finalizar preguntó si había alguna pregunta o una sugerencia. Yo levanté la mano y dije: “Señor presidente Clinton, ¿se acuerda del eslogan con el que usted ganó la presidencia?: ‘Es la economía, estúpido’”. Él se río y me preguntó: “¿Me está llamando estúpido?”. Le dije, por supuesto que no, pero sí le estoy recordando que estamos en una situación muy delicada. Si no nos dan una garantía del Banco Mundial en los próximos quince días podemos entrar en cesación de pagos y todo se viene abajo; el Plan Colombia nacería muerto. Él lo captó inmediatamente y preguntó: “¿En cuánto tiempo puede estar en Washington?”. A los tres días ya estaba allá reunido con el Secretario del Tesoro. Con el respaldo de Estados Unidos logramos los recursos para comenzar la recuperación económica. Eso salvó al Plan Colombia y a la economía colombiana. Y ahí comenzaron a llegar los fondos para fortalecer nuestra fuerza pública.

Una inflación baja

Cuando llegué al Ministerio de Hacienda la inflación rozaba los dos dígitos, así que pusimos en marcha una poderosa política de control de inflación que nos permitió mantenerla en un solo dígito. A ese objetivo en el que nos montamos para ir reduciendo el costo de vida se le ha dado continuidad, a tal punto que hasta el día de hoy hemos tenido las inflaciones más bajas de nuestra historia y de América Latina, luego de décadas difíciles. Fue así como recuperamos el acceso a los mercados internacionales que habíamos perdido.

Reforma tributaria

En medio de la crisis que afrontábamos, necesitábamos fortalecer el sector financiero. Fue entonces que logramos sacar adelante una reforma tributaria. Junto al presidente Pastrana formamos un grupo de trabajo que se llamó la Misión de Ingreso Público, que elaboró, durante los últimos meses del gobierno, una serie de estudios y recomendaciones para proponer una reforma estructural. La Misión entregó sus recomendaciones para permitir una mejora en el recaudo y reducir las distorsiones del sistema tributario, y para fortalecer la competitividad de los agentes económicos. Infortunadamente, dichas recomendaciones, en su mayor parte, no fueron aprovechadas por el gobierno siguiente y no se tomaron en cuenta en las reformas tributarias.

Cofundador del Partido de la U

La historia bipartidista de Colombia tomó un nuevo rumbo. Junto a líderes de diversos partidos y movimientos, como Luis Guillermo Vélez y Óscar Iván Zuluaga, fundamos en septiembre de 2005, el Partido Social de Unidad Nacional o Partido de la U. En 2006, después de 157 años de hegemonía bipartidista, hicimos historia y obtuvimos la mayoría en el Congreso. El Partido de la U avaló mi candidatura a la Presidencia en 2010 y en 2014, en esta última ocasión acompañada por el Partido Liberal y Cambio Radical.

Me posesiono como Ministro de Defensa Nacional

Apenas asumí este cargo, en una época tan crucial para el país, le pedí ayuda a mi amigo, el exprimer ministro del Reino Unido Tony Blair, porque sabía que una de las grandes falencias que teníamos era en la inteligencia militar. Además, recibimos asesoría de países amigos como Estados Unidos e Israel. Todo lo allí conversado permitió dar un giro de 180 grados en la forma de conducir la política en defensa que nos permitió dar golpes contundentes a objetivos del alto valor, sobre todo de la guerrilla de las FARC. Algunos de los sucesos más importantes durante los casi tres años que estuve al frente del Ministerio de Defensa:

Más recursos para nuestras fuerzas armadas

Cuando llegué al Ministerio de Defensa, le dije al entonces presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, que necesitábamos más recursos para terminar el proceso de fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas. Teníamos que ser más efectivos contra los objetivos del alto valor, hacer una reforma de fondo en la inteligencia y mejorar la forma de operar. Con Villegas nos pusimos la camiseta y nos fuimos de empresario en empresario para que apoyaran el impuesto al patrimonio, lo que nos garantizó los recursos suficientes para fortalecernos. Para tranquilidad de todos, creamos una comisión de ética para garantizar que ese dinero fuera invertido en lo que habíamos prometido. Eso fue lo que permitió que pudiéramos consolidar las que siguen siendo las mejores Fuerzas Armadas de nuestra historia.

Un gran cambio

Algo muy importante en mi paso por este Ministerio es que se hizo un cambio en la doctrina para privilegiar los derechos humanos. Hasta ese momento los resultados se medían por número de muertes del enemigo. En un discurso en la Escuela de Suboficiales del Ejército enfaticé que las prioridades, desde ese momento, serían las siguientes: en primer lugar los desmovilizados, en segundo lugar los capturados y, en tercer lugar, cuando hubiese necesidad, los dados de baja. Inicié un gran esfuerzo por internalizar la cultura del respeto por los derechos humanos, porque esa es la base de la legitimidad de cualquier fuerza armada.

La caída de ‘Martín Caballero’

Como parte del nuevo plan de guerra de las Fuerzas Militares, se determinó crear una fuerza conjunta de tipo élite llamada Fuerza Conjunta de Acción Decisiva (Fucad), con cerca de 7.000 hombres. ‘Martín Caballero’ llevaba 25 años dedicado al terrorismo, al asesinato y a la extorsión y dirigió muchos secuestros, entre ellos el del exministro Fernando Araujo. Era considerado el hombre más importante de las Farc en el Caribe y tenía bajo su mando al frente 37.

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La caída de ‘Martín Caballero’ Como parte del nuevo plan de guerra de las Fuerzas Militares, se determinó crear una fuerza conjunta de tipo élite llamada Fuerza Conjunta de Acción Decisiva (Fucad), con cerca de 7.000 hombres. ‘Martín Caballero’ llevaba 25 años dedicado al terrorismo, al asesinato y a la extorsión y dirigió muchos secuestros, entre ellos el del exministro Fernando Araujo. Era considerado el hombre más importante de las Farc en el Caribe y tenía bajo su mando al frente 37. Habíamos realizado decenas de operaciones para capturarlo, pero no habíamos tenido éxito. Finalmente, la mañana del miércoles 24 de octubre, se dieron los últimos retoques a la operación que decidimos llamar “Aromo”, por los arbustos que crecían en la zona donde se encontraba Caballero. Hacia las 6 de la tarde nuestras fuerzas ya estaban sobre el blanco. Ese día murió el hombre que tanto dolor había causado en los Montes de María.

Emmanuel

A mediados de diciembre las FARC anunciaron su intención de liberar unilateralmente a la exrepresentante Consuelo González de Perdomo, a Clara Rojas y a su pequeño hijo, Emmanuel, de tres años y medio de edad y que había nacido en cautiverio. Sin embargo, la inteligencia del Ejército tenía indicios de que un niño de la edad de Emmanuel, con un problema en un brazo, había sido entregado en San José del Guaviare al sistema de protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) desde mediados del 2005.

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Emmanuel A mediados de diciembre las FARC anunciaron su intención de liberar unilateralmente a la exrepresentante Consuelo González de Perdomo, a Clara Rojas y a su pequeño hijo, Emmanuel, de tres años y medio de edad y que había nacido en cautiverio. Sin embargo, la inteligencia del Ejército tenía indicios de que un niño de la edad de Emmanuel, con un problema en un brazo, había sido entregado en San José del Guaviare al sistema de protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) desde mediados del 2005. Resulta que las FARC le habían dado el niño al campesino José Crisanto Gómez. El hombre lo había llevado a un centro de salud y lo registró bajo el nombre de Juan David Gómez Tapiero. Allí fue diagnosticado con desnutrición. Los médicos, al verlo en tan mal estado, lo remitieron al ICBF. Cuando los guerrilleros regresaron dos años después a la casa de Gómez para recoger al niño y cumplir con lo pactado, no lo encontraron y amenazaron al campesino con matarlo si no lo recuperaba. Mientras tanto, la inteligencia del Ejército descubrió que la guerrilla no tenía a Emmanuel y que lo estaban buscando. Gómez viajó a Bogotá desesperadamente a buscar el hogar sustituto donde podría estar el niño. La guerrilla, por su parte, también emprendió la búsqueda. Una noche dos carros con placas diplomáticas y unas personas en traje de corbata parquearon frente al hogar. Eso nos hizo prender las alarmas y pusimos al niño bajo custodia de personal especializado. Como las FARC no tenían al niño, sacaron un comunicado en el que decían que no iban a liberar a los secuestrados por culpa del Estado colombiano. El presidente Uribe le salió al paso diciendo que teníamos fuertes indicios de que las FARC incumplían su palabra porque no tenían a Emmanuel. Efectivamente, a los pocos días, las pruebas de ADN practicadas por el Instituto Nacional de Medicina Legal, que fueron luego confirmadas por el Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, dejaron claro, sin lugar a duda, que el pequeño Juan David Gómez era en realidad Emmanuel, el primer niño nacido en cautiverio en la historia del secuestro de Colombia. El 10 de enero de 2008, fueron liberadas Consuelo González de Perdomo y Clara Rojas quien, por fin, pudo reencontrarse con su hijo.

La caída del ‘Negro Acacio’

Es difícil encontrar un hombre que simbolice de mejor manera el involucramiento de las FARC con el negocio del narcotráfico que Tomás Medina Caracas, alias el ‘Negro Acacio’. Se había convertido en el mayor proveedor de dinero, de explosivos y armas para la actividad terrorista de su organización, que conseguía a cambio de cocaína en tratos con narcotraficantes internacionales. En los últimos días de agosto, se pudo confirmar la posición de Acacio. Ya una vez se había logrado escapar, así que en esta oportunidad se tomó la decisión de atacar directamente el campamento luego de verificar que no hubiese ni civiles ni secuestrados en el área. A las cuatro y media de la mañana los aviones ejecutaron un bombardeo y reportaron que habían acertado en el blanco.

La situación más grave que tuve que asumir

Desde que llegué al Ministerio encontré que existían denuncias por presuntos homicidios en persona protegida, es decir, que militares se extralimitaban en sus funciones y ejecutaban a civiles por fuera del combate. Los llamaban ‘falsos positivos’, pues los autores presentaban a sus víctimas como bajas legítimas de integrantes de grupos narcoterroristas. Esta situación era intolerable y, de ser cierta, estaba en contradicción con las políticas de derechos humanos. En enero tuvimos conocimiento de graves denuncias sobre la conducta de un oficial y las pusimos en conocimiento de las autoridades competentes.

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La situación más grave que tuve que asumir Desde que llegué al Ministerio encontré que existían denuncias por presuntos homicidios en persona protegida, es decir, que militares se extralimitaban en sus funciones y ejecutaban a civiles por fuera del combate. Los llamaban ‘falsos positivos’, pues los autores presentaban a sus víctimas como bajas legítimas de integrantes de grupos narcoterroristas. Esta situación era intolerable y, de ser cierta, estaba en contradicción con las políticas de derechos humanos. En enero tuvimos conocimiento de graves denuncias sobre la conducta de un oficial y las pusimos en conocimiento de las autoridades competentes. El 6 de junio expedí una directiva con el fin de reiterar las obligaciones de las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y prevenir este tipo de homicidios. Creamos el Comité a Seguimiento a Denuncias para investigar las investigaciones penales y disciplinarias, fortalecer los controles y prevenir la ocurrencia de nuevos hechos. También ordené agotar todos los recursos para que, en caso de muertes en combate, la diligencia de levantamiento y todas las pruebas preliminares fueran realizadas por la Policía Judicial y no por la tropa. El 22 de septiembre de 2008 conocimos la noticia de que 19 muchachos de Soacha que habían sido reclutados para un supuesto trabajo rápido y lucrativo y luego fueron trasladados a Norte de Santander, donde fueron ultimados y presentados como “positivos” por parte del Ejército. Esta información me causó no solo dolor y preocupación, sino también una profunda indignación cuando comprobé que los indicios tenían un buen sustento. Con semejante alarma, habilitamos canales expeditos de colaboración con la investigación de la Fiscalía. Igualmente, ordené la constitución de una Comisión Especial, encabezada por el mayor general Carlos Arturo Suárez, compuesta por oficiales especializados en inteligencia militar, infantería y logística, y por el director del Programa Presidencial de Derechos Humanos de la Presidencia, Carlos Franco. Con base en el informe de dicha comisión, que abarcó denuncias no solo de Soacha sino de otros departamentos del país, el 29 de octubre de 2008 el presidente Uribe anunció la determinación de llamar a calificar servicios a 27 miembros del Ejército. No se trataba solo de llamar a calificar servicios e investigar lo sucedido, por lo que anunciamos una serie de medidas conocidas como “las quince medidas”, que tenían dos propósitos: extraer las lecciones que nos dejaba la comisión del general Suárez para tomar los correctivos de forma inmediata, y acelerar la Política Integral de Derechos Humanos, pues son los derechos humanos la mejor garantía de que obramos bien en el cumplimiento de la misión, dentro de los valores que nos diferencian de los terroristas. Solamente cumpliendo la ley vamos a construir una paz duradera y respetando la vida de todos los colombianos tendremos un ejército admirado y respetado por el pueblo.

La paz llega a los Montes de María

Sin duda alguna la recuperación de la seguridad y el destierro de los grupos armados ilegales que por años azotaron los Montes de María es uno de los ejemplos más exitosos de consolidación de una de zona del territorio nacional. Tuvimos presencia de la fuerza pública en las zonas recuperadas y con ella llegaron las instituciones estatales para proveer a la población los servicios básicos de justicia, salud, educación e infraestructura. Y es que en los tiempos de alias ‘Martín Caballero’ los pueblos de los Montes de María perdieron la alegría que los caracterizaba. En el 2008 la Fucad se retiró de la zona y le devolvió la responsabilidad del control del área a la Primera Brigada de Infantería de Marina. Los habitantes volvieron a tomar refresco en la plaza de Carmen de Bolívar a las diez de la noche y las gaitas, las chirimías, los tambores y los porros inmortales de Lucho Bermúdez volvieron a sonar. Los habitantes de Montes de María recuperaron su derecho a la felicidad. Y es gracias a una sociedad civil muy sólida e inspiradora que lo logramos.

La primera baja del Secretariado

La figura menuda de un hombre con barba canosa y gafas, que se asemejaba más a la de un oficinista que a un guerrillero, con uniforme camuflado y un fusil al hombro, demasiado grande en comparación con su portador, Luis Édgar Devia, alias ‘Raúl Reyes’, se hizo popular durante los tres años del proceso de paz en el Gobierno del presidente Pastrana, pues fue el principal vocero y negociador de la guerrilla.

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La figura menuda de un hombre con barba canosa y gafas, que se asemejaba más a la de un oficinista que a un guerrillero, con uniforme camuflado y un fusil al hombro, demasiado grande en comparación con su portador, Luis Édgar Devia, alias ‘Raúl Reyes’, se hizo popular durante los tres años del proceso de paz en el Gobierno del presidente Pastrana, pues fue el principal vocero y negociador de la guerrilla. Yo me entrevisté con él en dos ocasiones. La primera fue en Costa Rica, buscando que las FARC se acogieran a un plan de paz que habíamos preparado con un grupo de personalidades, entre las que se encontraba el Nobel Gabriel García Márquez, el expresidente López y el empresario Nicanor Restrepo, entre otros. La segunda vez fue en una finca de San Vicente del Caguán, cuando el presidente Pastrana me pidió que hiciera parte de una pretendida comisión de verificación para supervisar las reglas del juego del despeje. Después de la terminación del fallido proceso de paz, Reyes quedó a cargo de la coordinación de actividades del Bloque Sur de las FARC y se convirtió en un objetivo muy escurridizo. Con el tiempo logramos que varios integrantes de la inteligencia policial se infiltraran en poblaciones donde Reyes o su frente, el 48, tenían algún tipo de presencia. Fue un trabajo paciente de meses que nos permitió, con la más alta tecnología, interceptar comunicaciones y señales electrónicas. Entre 2007 y 2008 se lanzaron por lo menos cuatro operaciones para capturarlo pero todas se frustraron. Hacia finales de febrero de 2008 la inteligencia de la Policía obtuvo información que resultó determinante: Reyes estaba en su campamento con base en Ecuador, a 1.800 metros de la frontera con Colombia, pero se esperaba que la noche del viernes 29 de febrero (era un año bisiesto) cruzara el río para encontrarse con un contacto suyo del narcotráfico, a 300 metros adentro del territorio nacional. Cuando estábamos listos para iniciar nuevamente la Operación Fénix, como la bautizamos, todo dio un giro cuando recibimos información acerca de que Reyes no había cruzado la frontera. Decidimos entonces tomar una decisión de Estado. Después de muchos años de buscarlo sin fortuna, teníamos la ubicación precisa y confirmada de ‘Raúl Reyes’. Una vez se dio la autorización, los pilotos de las aeronaves tuvieron que hacer un leve movimiento para cambiar las coordenadas de su blanco y el primero de marzo dispararon sus bombas sin necesidad de cruzar la frontera, desde el espacio aéreo colombiano. El bombardeo fue absolutamente preciso e impactó el campamento terrorista ubicado en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, a 1.800 metros de la frontera colombiana. En medio de la confusión propia de un terreno selvático, aterrizó un helicóptero y dejó a nuestros soldados al mando de un capitán, quienes no se habían percatado que habían quedado a un kilómetro del campamento de Reyes. Se encontraron con algunos guerrilleros que comenzaron a disparar, pero nuestros soldados respondieron al fuego e hicieron un hallazgo inesperado: encontraron dos muertos. Esos cadáveres eran nada más y nada menos que los de ‘Raúl Reyes’ y su compañera. El capitán, una vez comprobó que Reyes había caído, envió un mensaje por radio a su oficial superior: ¡Viva Colombia, viva Colombia! El santo y seña que era la señal de éxito de la operación. A las 3:10 de la tarde llamé al presidente Uribe para comunicarle la noticia. Él, como siempre austero en sus reacciones y en medio de la excitación que produce esta noticia, nos fijó una nueva meta. –¿Y el ‘Mono Jojoy’ cuándo va a caer? –me preguntó.

El día más feliz en el Ministerio de Defensa

Me han preguntado varias veces cuáles fueron los momentos más tristes y más felices que viví durante los cerca de tres años en los que estuve al frente del Ministerio de Defensa. No tengo que pensarlo mucho. Los más tristes fueron aquellos en los que llegaban noticias sobre la muerte o la mutilación de soldados o policías de algún lugar de Colombia. Pero también fueron muchos los momentos felices. Sin embargo, hay un día especial de los más de mil que lideré en la cartera de Defensa. Nunca se borrará de mi memoria por lo que significó para quince seres humanos y para todo el país: el 2 de julio de 2008, cuando se ejecutó la Operación Jaque.

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El día más feliz en el Ministerio de Defensa Me han preguntado varias veces cuáles fueron los momentos más tristes y más felices que viví durante los cerca de tres años en los que estuve al frente del Ministerio de Defensa. No tengo que pensarlo mucho. Los más tristes fueron aquellos en los que llegaban noticias sobre la muerte o la mutilación de soldados o policías de algún lugar de Colombia. Pero también fueron muchos los momentos felices. Sin embargo, hay un día especial de los más de mil que lideré en la cartera de Defensa. Nunca se borrará de mi memoria por lo que significó para quince seres humanos y para todo el país: el 2 de julio de 2008, cuando se ejecutó la Operación Jaque. Ese día un comando élite conformado por oficiales y suboficiales de la inteligencia militar, agentes civiles de inteligencia, pilotos y técnicos aéreos del Ejército, e incluso un desmovilizado de la guerrilla, llegaron en helicóptero a un paraje perdido en las selvas del Guaviare y, pretendiendo ser una misión humanitaria internacional, sacaron de las manos de las FARC, sin disparar un solo tiro, a quince secuestrados, entre los que se encontraba la excandidata presidencial Íngrid Betancourt, tres contratistas norteamericanos y once militares y policías que llevaban años devorados por la selva. Ese día, desde muy temprano en mi casa, recibí el reporte del general Montoya, quien me informó hacia las seis de la mañana que todo estaba bajo control. En la madrugada había hablado con mi esposa, María Clemencia, quien estaba de viaje en París con nuestra hija María Antonia. Desde hacía algunos días le había pedido que rezara por el éxito de algo grande en los que estábamos trabajando, sin darle ninguna información concreta. Así que le pedí que fuera a la iglesia de la Milagrosa, de quien mi señora es muy devota. Esa mañana permanecí en mi despacho en el Ministerio. Suspendí todas las citas y me concentré en recibir los reportes. Desde el instante en que me informaron que el helicóptero había aterrizado en el sitio acordado con los guerrilleros, el tiempo se me hizo eterno. Cada minuto era como un siglo. Pasaron cinco, diez minutos, que era todavía normal de acuerdo a los estándares de entregas unilaterales. Pero después del minuto quince, lo peor pasó por mi mente: “¿Los habían descubierto?”, “¿algo habría fallado?”. Comencé a caminar nerviosamente alrededor de mi escritorio. Después de 23 minutos, la angustia era insoportable. Entonces el general Padilla me llamó y me dijo la única palabra que alivió mi espíritu: ¡Despegó! Sabíamos que el helicóptero iba en el aire con los secuestrados y los dos guerrilleros armados, pero todavía no podíamos cantar victoria. Unos tres o cuatro minutos después, Padilla volvió a llamarme y, emocionado, me dijo: “¡Neutralizados!”. Ese fue uno de los momentos más felices en el Ministerio y, sin duda, uno de los más felices de mi vida. Terminada una rueda de prensa que dimos en el Ministerio salimos con unos comandantes al aeropuerto de Catam para tomar un avión hacia Tolemaida. Una vez allá encontramos un avión Fokker parqueado en la pista de la base. Subí las escaleras y a la primera persona que vi fue a Íngrid. Ella era mi amiga, había trabajado conmigo como mi asesora cuando fue Ministro de Comercio Exterior, y sentí una enorme felicidad al verla de nuevo. Le dimos un teléfono para que hablara con su mamá. Ella le dijo: “¡Mamá, estoy viva, estoy libre! ¡Mamá, el Ejército me rescató!”. Lo que hicieron, mamá, es lo más extraordinario”. Después de que colgó lo primero que hizo fue pedirme un cigarrillo y un yogur. Conversamos un poco y salimos para Bogotá. Fue un día de gloria para todos los colombianos y los defensores de la libertad en el mundo.

Un cierre con broche de oro

Gracias a la participación de todas nuestras fuerzas logramos resultados sin precedentes en el Ministerio de Defensa. Cayeron tres miembros del secretariado, varios jefes de finanzas, los más importantes enlaces con el narcotráfico y los secuestradores más avezados.

Jaque al terror

Aunque no fue una tarea fácil, decidí recopilar el recuento de tres años históricos de combate y golpes contra las FARC. El libro ‘Jaque al terror, los años horribles de las Farc’, exigió un esfuerzo no solo de memoria, sino también investigativo, que requirió el aporte de muchas fuentes para consolidar un testimonio que haga honor a la labor cumplida y a los logros alcanzados. El prólogo, escrito por el que fuera mi profesor y luego gran amigo, el escritor Carlos Fuentes, tiene una curiosidad. Dice al final: “A Juan Manuel Santos lo consideré, como Sarmiento a Domingo, mi mejor alumno. En mi novela ‘La silla del Águila’ le auguré la presidencia de Colombia en el año 2020. Ojalá la ocupe antes”. Me le adelanté 10 años.

Una familia feliz y unida

La familia es el mayor regalo que te ofrece la vida, por eso doy gracias cada día por tener una esposa y unos hijos que siempre me han mostrado su apoyo incondicional, en las buenas y en las malas.

Primer Mandato

El cambio que quiero para mi país

En 2010 llegué a la Presidencia gracias a que 9.028.943 personas lo decidieron. Lo hice con el firme propósito de hacer los cambios que Colombia llevaba pidiendo durante décadas. Más empleo, más salud, más vivienda, más justicia, más igualdad...y más PAZ.

Recuperar las relaciones diplomáticas con Venezuela y Ecuador

Fue mi primera misión cuando llegué al Gobierno en 2010. La crisis con estos países hermanos era muy perjudicial para los intereses de Colombia y toda la región. El discurso del país reclamaba un cambio y la diplomacia y el diálogo fueron mis herramientas para poner fin a las diferencias.

Histórica visita a los Kogui

Poco después de llegar a la Presidencia en 2010, viajé a la Sierra Nevada de Santa Marta para visitar a los Kogui, histórico pueblo amerindio. Fue un momento muy especial para toda mi familia porque desplegaron toda su sabiduría y generosidad con nosotros. También me alegró saber que era el primer Presidente que los visitaba.

En la prensa internacional

Bajo el titular ‘El regreso de Colombia, de un Estado casi fallido a un emergente jugador global en menos de un década', el 23 de abril le concedieron a nuestro país la portada de la revista Time, la cual circuló en América Latina, Asia, África y Europa. En el artículo hablé sobre temas sociales y económicos y las relaciones de Colombia con Estados Unidos. Se destacó la positiva transformación del país en los últimos años.

Alcanzar la paz sí es posible

El 4 de septiembre de 2012 le anuncié a los colombianos que el país iniciaba diálogos de paz con las Farc, con quienes nos habíamos acercado desde hacía meses, con el ánimo de ponerle fin a 50 años del último conflicto que persiste en nuestro continente americano. Cinco puntos que le cambiarían el futuro a Colombia y una refrendación popular, son mis apuestas por Un nuevo país.

Esteban, al ejército

Sentí mucho orgullo y satisfacción cuando Esteban me dijo que quería entrar en el Ejército. Me recordó mis años de cadete y entendí que era una decisión muy acertada porque sé que reforzó valores como el esfuerzo, la disciplina y el compañerismo.

Viento en popa

Las conversaciones en la Habana toman vuelo. Logramos alcanzar un acuerdo en los dos primeros puntos: el 26 de mayo de 2013 llegamos a un consenso sobre Política Agraria Integral y el 6 de noviembre cerramos la negociación del segundo punto, centrado en la Participación Política.

Segundo Mandato

El camino a la paz no se detiene

Colombia me volvió a mostrar su confianza al reelegirme como Presidente de la República con 7.816.986 votos. Mi programa para este segundo periodo será construir un nuevo país con paz, equidad y educación.

Agradezco infinitamente esta honrosa distinción.

El 7 de octubre me comunicaron la decisión del Comité Noruego de otorgarme el Premio Nobel de Paz. Agradezco infinitamente esta honrosa distinción. La recibo, no a nombre mío, sino a nombre de todos los colombianos. Sé bien que nada de esto sería posible sin el apoyo incondicional de María Clemencia y mis hijos.

Grandes esfuerzos por alcanzar un acuerdo de paz con las Farc

A lo largo de medio siglo los colombianos hicimos grandes esfuerzos por alcanzar un acuerdo de paz con las Farc. Finalmente, 24 de noviembre de 2016, firmamos, ante el país y ante el mundo, un nuevo acuerdo de paz con las Farc. El acuerdo definitivo que nos permitirá construir una paz estable y duradera.

El Nobel de Paz en de todos los colombianos

Recibí el premio Nobel de Paz en nombre de todos los colombianos, pero especialmente en nombre de las víctimas; de más de 8 millones de víctimas y desplazados cuyas vidas han sido devastadas por el conflicto armado.

Las FARC dejan de existir como grupo armado

En junio, la Misión de las Naciones Unidas en Colombia certificó que tenían el 100% de las armas de las FARC en su poder. Por vivir este día, valió la pena ser Presidente de Colombia.